LA IMAGEN DE PROPAGANDA NAZI DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Introducción
Pocos escenarios resultan tan desoladores como el que enfrentó la humanidad hacia 1945 cuando la segunda guerra mundial llego a su fin. La nación alemana cargo una culpa y vergüenza enormes durante décadas. Ni siquiera ellos mismos podían comprender o explicar que los había llevado a justificar y normalizar un genocidio de tal escala. Sin embargo, la historia nos exigía buscar respuestas, regresar a mirar la herida para identificar los errores del pasado, y como dice la popular frase, “no volver a repetirlos”. ¿Cómo se pudo inducir a toda una nación a aceptar como válidas prácticas tan violentas e inhumanas? ¿Qué discurso o herramienta logró tener tal nivel de influencia? La Alemania nazi había desarrollado todo un aparato de propaganda a través del cual Hitler y su mano derecha, Goebbels, habían descubierto la forma de influenciar a toda una nación y la habían arrastrado lentamente a su perdición. El presente ensayo se adentra en ese complejo aparato con el objetivo de identificar cómo y cuándo se cruzaron los límites que llevaron a todo un grupo humano a deshumanizar a sus pares inmediatos.
CAPÍTULO 1:
Después de la primera guerra mundial el pueblo alemán había quedado mellado y con cierto resentimiento hacia el resto del mundo, se sentían dejados de lado por la historia y abusados por otras naciones. Sumado a ello, la crisis económica en Estados Unidos, conocida como la “Gran Depresión” de 1929 no solo afectó a la nación americana, sino que afecto también el mercado internacional de capitales, golpeando de forma especial a los países que habían sido los vencidos de la I guerra mundial, lo que agravó la situación económica de Alemania, ya que:
“Tras la derrota de Alemania le fueron impuestos una serie de castigos económicos, a modo de pago por haber iniciado los combates, y como forma de compensar las muertes de los Aliados. Estas indemnizaciones serían negociadas en el Tratado de Versalles en 1919, y presentadas a Alemania (como única opción para evitar otra confrontación) en 1920. Alemania no solo no pudo pagar su deuda, sino que desde el comienzo violó varias de las condiciones propuestas en el tratado, como la del cese de producción de armamento, el desmantelamiento de su flota marina, etc.… La situación de inestabilidad e inseguridad popular, el hambre y la desesperación, formaron el escenario perfecto para que el partido Nacional Socialista comenzara a actuar.” (López 2018:10)
Los discursos del partido Nacional Socialista y posteriormente del mismo Hitler motivaron a que el pueblo alemán creyera que era su oportunidad de restituir su orgullo y recuperar su soberanía. El Fürer se aprovechó del sentimiento nacional, posiblemente convencido él mismo de la validez de sus acciones, para promover sus ideas radicales y erigir un régimen absolutista, que defendía su supuesta calidad racial como superior y que estaba dispuesto a librarse de aquellos que lo habían orillado a esa situación decadente.
A pesar de lo mencionado líneas arriba:
“Es un error afirmar que Hitler y Goebbels inventaron la propaganda, pues la palabra en sí ya habría sido utilizada por la Iglesia Católica para desacreditar a la protestante en el siglo XVII, pero con la llegada de Hitler al poder, y de Goebbels al Ministerio de Propaganda, se marca un antes y un después en la historia de la misma.” (López 2018:4)
Además, Hitler había analizado profundamente el papel de la propaganda de los aliados durante la primera guerra mundial y estaba convencido de que habían sido capaces de crear una imagen de sus enemigos (incluyéndolos a ellos) que había calado en sus tropas, las aliadas, y había logrado infundir más valor en los guerreros y mayor pasión por la patria. Por tanto, para ejecutar su sueño para la reconstrucción y renacimiento de Alemania, debía aplicar esos aprendizajes y constituir un robusto aparato de propaganda desde el principio.
Así pues, no es casual que, una vez admitido en el partido Nacional Socialista, Hitler aceptara rápidamente ser el encargado de propaganda, tampoco es extraño que cuando dejase el cargo nombrara sucesor a Goebbels en 1928. Es desde entonces que surge su relación y construyen una idea común alrededor de este ejercicio.
Como señalan algunos autores, “La propaganda es una forma de comunicación cuyo objetivo es el de influir en la actitud de las personas respecto a una causa o posición, presentando exclusivamente un lado o aspecto de un argumento. Se trata de informaciones parciales y sesgadas.” (López 2018:6) Dicho de otro modo, la propaganda, fue una herramienta que desde sus orígenes buscaba manipular a sus receptores para alinearnos a la línea de pensamiento de los emisores. Aun así, es importante señalar que “… la propaganda estimula y radicaliza, pero no crea. Es esencial llegar a las emociones y sentimientos de la multitud para luego llevarlos por el camino que interesa al propagandista.” (López 2018:6)
Dicho de otro modo, el “gran acierto” del régimen nazi estaría en reconocer el sentimiento que venía desarrollándose al interior de la nación alemana, exacerbarlo con sus discursos y aparato de propaganda y poco a poco radicalizarlo para justificar su proceder incluso cuando llegaran a los excesos. La experiencia nazi, probablemente sea la primera que logró promover ideas políticas a tal escala con el fin de determinar la opinión pública y controlar lo que la ciudadanía debía pensar. Los antecedentes vistos durante la primera guerra mundial nunca alcanzaron tal nivel de especialización y planeamiento.
Desde la llegada de Hitler al partido vemos que el aparato se puso en funcionamiento. Testimonio de ello queda en la siguiente imagen:
Desde el ministerio de propaganda, el régimen nazi buscaba promover ciertos contenidos, a favor de sus ideales y de la guerra, y censurar otros que considerara peligrosos o contrarios a su línea de pensamiento. En este sentido, controlaron los medios de comunicación, entre ellos l periódicos, revistas, radio, televisión. Y procuraron los mismo con las expresiones culturales tales como libros, arte, teatro, música y cine”; ya que “… pronto se le nombró [a Goebbels] presidente de la recién creada “Cámara de Cultura” y comenzó́ a controlar la propaganda a través de la prensa, la radio, el teatro, el cine, la literatura, la música, etc.” (López 2018:12)
El objetivo era tener el control absoluto de la opinión pública, incluso más allá, buscaban modelar e imponer ellos mismos la opinión pública, la única admisible, y para ello la ciudadanía debía ser adoctrinada conforme lo requería el gobierno, sin permitir disidentes. Así pues, se empezaron a tomar medidas para ocupar todos los frentes con celeridad y en mayo de 1933 se celebró, si acaso, la noche de la quema de libros, destruyéndose más de 25 000 volúmenes. Los estudiantes fueron particularmente adoctrinados a través de los libros. Se censuraron ciertos textos y se produjeron nuevos que les enseñaban a someterse al régimen de gobierno, idolatrar a Hitler y odiar a los judíos. A partir de ese momento el gobierno controlaría lo que los ciudadanos debían o no leer.
En líneas generales, el ministerio de propaganda se organizaba en 7 divisiones cuya información y actividades monitoreaba y delimitaba. La sexta división correspondía a arte. Música y teatro. “Goebbels consiguió́ crear su propia técnica de propaganda, que consistiría en el seguimiento de 11 principios básicos, entre los que encontraríamos los de Simplificación y Enemigo Único, Vulgarización, Exageración y Desfiguración, Renovación, o Silenciación.” (López 2018:4)
Todas estas estrategias tenían como único objetivo garantizar que la población mantuviera un frente unido, obediente al partido de gobierno y sin cuestionarse las decisiones o acciones del mismo. Buscaban obediencia absoluta y casi militar, pero lo conseguían apelando a la emoción y con engaños:
Una de las estrategias más eficientes para llegar hasta los últimos rincones del país fue tomar el control de la radio que prácticamente se estatizo por completo. No solo eso, sino que se invirtió en financiar lo que se conoció como “La radio del pueblo (Volksempfänger)”. Una política que consistía en ofrecer radios subvencionadas a los ciudadanos para que pudieran escuchar los programas a través de los cuales el estado compartía su información sesgada y todos los discursos oficiales de su líder.
“Posteriormente durante la guerra, el régimen incluso sentencia a muerte a las personas por escuchar estaciones de radio extranjeras” (Unidad States Holocaust Memorial Museum 2022). Hacia setiembre de 1939 se prohíbe oficialmente. La música jazz, por ejemplo, era considerada contaminante por ser principalmente por músicos de color. Naturalmente también se prohibió la música producida por judíos.
Al igual que pasó con la radio, el ministro de propaganda, Goebbels, se fue haciendo de la titularidad de las distintas productoras cinematográficas una a una con la finalidad de tener el control total sobre las películas que se producían y asegurarse de que el mensaje que se comunicara fuera favorable a los intereses del gobierno.
“El 1 de marzo de 1934 entraría en vigor la Ley del Cine… se censurarían películas anteriores de ideología judía y se crearían categorías de cine según la calidad de las películas, que variaría según su adecuación a los ideales estéticos y políticos del gobierno… Desde el principio, Joseph Goebbels dejó claro que, aunque quería que el cine fuera un medio de propaganda, debía seguir una minuciosa técnica cinematográfica, pues tanto el Führer como él eran admiradores del buen cine.” (López 2018:19)
El cine de propaganda del régimen nazi ha dejado piezas tristemente icónicas como testimonios de aquella era oscura. Quizás la más celebre de ellas sea “El triunfo de la voluntad”, estrenada el 28 de marzo de 1935. Dirigida por “Leni Riefenstahl, elegida personalmente por Goebbels, es considerada la gran maestra en el uso de propaganda cinematográfica del país.” (López 2018:19). Una historia narrada en clave documental y que recoge imágenes del encuentro anual del Partido Nacional Socialista en Nuremberg.
Además, el cine era uno de los medios ideales para construir una imagen negativa de los judíos y agudizar el odio de la nación alemana contra ellos. En “El eterno judío”, por ejemplo, se los compara con ratas y se afirma que el judío es asqueroso y propagador de enfermedades.
El afiche y el volante también tuvieron un uso extendido durante el régimen nazi. Estas imágenes eran impactantes, sencillas de comprender y generalmente iban acompañadas de textos breves y contundentes, para que cualquiera pudiera entenderlos. Afirmaciones fáciles de recordar y que podían utilizarse como arengas. Los emblemas y las insignias también eran recursos recurrentes. Iconografías que portaban todos los ciudadanos a modo de recordatorio de su compromiso con la causa nazi, de su calidad de ciudadanos alemanes y de la “superioridad” de su raza. La esvástica y el águila se veían por doquier y componían todo un sistema visual reconocible que normalizaba la violencia contra el enemigo judío y reforzaba un falso patriotismo, que validaba la guerra y justificaba sus excesos. Cada elemento cumplía una función discursiva, “Hitler llegó a afirmar en sus escritos que la cruz gamada representaba el crucifijo de la nueva religión de la sangre.” (Carrillo, García 2022:31)
“En Alemania todo arte que fuera ajeno al régimen estaba prohibido haciendo hincapié́ en el “arte degenerado”, aquel arte moderno que era “realizado por judíos y bolcheviques”. Hitler retiró todo el arte que no era afín al régimen y a los ideales de Alemania. No existía más arte que su propio arte, un arte tradicional. Más de 20 mil obras fueron confiscadas ya que Hitler buscaba una purificación artística.” (Martínez 2016:32)
Hitler buscaba reinstaurar un arte heroico que se adaptara a su gusto personal y, a su criterio, reflejara la grandeza de la Alemania Nazi. Debía ser un arte monumental que impresionara a la ciudadanía por su aspecto colosal y resultase fácil de comprender para todos. Era un arte que privilegiaba la representación de cuerpos atléticos y robustos, ideales de belleza de la supuesta raza aria.
Capítulo 3:
Bajo la apariencia de ser una nación en completa unidad se diseminó la macabra idea de una superioridad racial como justificación para la reducción y eliminación del otro, el diferente, a quien se calificó como inhumano, como una amenaza cuyo exterminio era deseable. “La propaganda nazi jugó un papel integral en el avance de la persecución y finalmente de la destrucción de los judíos de Europa, ya que incitó el odio y fomentó un clima de indiferencia por su destino” (United States Holocaust Memorial Museum 2019)
“De todas las armas y técnicas utilizadas por los nazis antes y durante la Segunda Guerra Mundial, la propaganda fue la más relevante de todas. No solo durante la guerra, sino también para mantener la lealtad del pueblo hacia el Führer.” (López 2018:14)
Si hasta hace unos años se pensaba que 6 millones de personas habían perdido la vida en el Holocausto, el estudio de más de 13 años de investigación realizado por el Holocaust Memorial Museum reveló que las cifras rondarían en realidad de 15 a 20 millones de muertes…” (López 2018:28). Pues, no solo se ha sincerado cada vez con más exactitud la cifra de judíos exterminados, sino que también se ha empezado a incluir a las víctimas de otras poblaciones perseguidas que corrieron la misma suerte.
La información recogida y analizada a lo largo de esta investigación pone de manifiesto la enorme influencia que tuvo el sistema de propaganda desarrollado por Hitler y sus aliados. Nos invita a reconocer la vulnerabilidad de las emociones y mente humanas que pueden ser manipuladas y movidas a error cuando no se es crítico sobre la información que se recibe y se admite como cierta. La experiencia de la segunda guerra mundial nos recuerda que una nación no puede dejar todo el poder en manos de un solo caudillo ni renunciar a sus libertades en pro de ninguna causa por heroica que pueda aparecer a primera vista. La masacre de casi veinte millones de personas nos reclama ser responsables de nuestras propias decisiones, mantenernos alertas frente a cualquier sombra de autoritarismo y tener la valentía de cuestionarnos la validez de prácticas o conductas cuando la mayoría las normaliza para asegurarnos de emitir nuestro propio juicio.

![Imagen 1. Autor desconocido. Propaganda antisemita de un trabajador agrícola que patea a un esteriotipo de hombre judío sobre una cerca. [impresión] (1926) United States Holocaust Memorial Museum](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh-9BEe5F6FKTUBgfN5h3id4iLVyj-r1X1kKigC7TSsyIWQjRgaRgkpk73u1m0VgRunEOU-94yHS6iK56FgrUDD8payPtz7rOFA7x9FBAoiFE-eE5VmLlsOvRYfxUp3IDZG0H2-mojBDx_rlIhGkRRLNGQYg8zf3LTvf893YOQWrkGA3nWZJo6ogMBCfjPs/w263-h400/Picture1.jpg)





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